Reseña por  Carmen Ruiz Barrionuevo

La historia crítica de la narrativa latinoamericana se ha ido construyendo desde la década de 1970 con textos como los que recoge este libro. Entrevistas, artículos y ensayos publicados en las revistas y diarios de la época fueron los primeros en llamar la atención y manifestar el deslumbramiento por los escritores del Boom. Varios de esos trabajos, certeros y apasionados, fueron los primeros en establecer que se consolidaba en el continente un nuevo paradigma de escritura heredera de la Nueva Novela que apuntó hacia 1940. Los títulos que se compilan en este libro enlazan con esa tradición y nos recuerdan ese esfuerzo.

Humberto E. Robles

Humberto E. Robles es un destacado investigador y crítico de la literatura latinoamericana y Profesor Emérito de Northwestern University que lleva varias décadas reflexionando sobre la narrativa contemporánea de América Latina. Es, además, un renombrado estudioso de la vanguardia, su libro La noción de vanguardia en el Ecuador: recepción, trayectoria y documentos (1918-1934), (1989) es una de las referencias fundamentales para el estudio de esta época, así como para la figura de José de la Cuadra, con su libro, Testimonio y tendencia mítica en la obra de José de la Cuadra (1976) y con su edición crítica de la obra del mismo autor, El montuvio ecuatoriano. Ensayo de presentación (1996), entre otras publicaciones. Ahora nos entrega estos ensayos que plantean, al leerlos en conjunto, una visión global de muchos temas que afectan al desarrollo de la escritura de la América Latina. Nada mejor que decir que el libro se presenta solo, sin introducciones ni aclaraciones previas, únicamente le precede una breve nota acerca del autor y a continuación se suceden los ensayos con un medido cálculo que lleva a leerlos con la fuerza que aporta la escritura y su propio interés. Aclaremos desde el comienzo que responden a rigurosos y a veces pacientes trabajos de investigación y que han sido publicados en revistas y medios de relieve de América y Europa. Varios de ellos han sido recopilados en bibliografías específicas de los respectivos autores, es el caso de Asturias, Borges, Rulfo, Roa Bastos, ya que han llegado a ser obras críticas de referencia. Ello da prueba del interés que puede tener este libro para estudiosos y lectores.

El autor ha preferido no aislar por temas estos trabajos, sino insertarlos en diálogo fructífero en el que autores como García Márquez, Rulfo o Borges se convierten en lecturas previas para abordar temas más restringidos, en recepción, que no en interés, de autores de la literatura ecuatoriana o de las imágenes que proyectan los centros urbanos de la misma zona. Por eso los seis ensayos de esta temática se sitúan marcando el contraste y la transición a temas de otras zonas literarias. Así «El primer viaje alrededor del mundo: De Pigafetta a García Márquez» da paso a un estudio del diario de viaje de Henri Michaux al Ecuador, seguido de «Imagen e idea de Guayaquil: el pantano y el jardín» o el comentario al libro del poeta ecuatoriano Mario Campaña, para luego volver a ejercer una especie de tangencialidad en la lectura aproximándonos a Borges en su «Guayaquil». Este zigzagueo entre los temas de mayor dominio general y otros más restringidos hace que el lector que disfruta del libro como si de capítulos se tratara, entre y salga por vericuetos de lo conocido hacia lo sorprendente menos conocido. No he dicho todavía, pero lo anoto ya, que la escritura de Robles atrapa por su eficacia y justeza, y uno de los elogios que se le puede decir es que sabe acercar los temas sin concesiones a modas perecederas, pero sin prescindir de todo lo que aporta la metodología de la crítica.

«El primer viaje alrededor del mundo: De Pigafetta a García Márquez» es el artículo que señala el abordamiento de esta narrativa, el punto de partida y la base general de esa continuidad de lo narrado desde los inicios: Una crónica lejana en el tiempo es el instrumento para sacar conclusiones acerca del fenómeno de la escritura de García Márquez. Este objetivo sirve para aproximar al lector una crónica poco conocida, la de Antonio Pigafetta, Primer viaje alrededor del Globo, un texto de 1519-1522 que cuenta la hazaña de Magallanes y Elcano en su viaje alrededor de la tierra. La idea de partida es que no es una crónica más de la época, «sino también un texto donde pueden ser percibidas las semillas de las prácticas y las convenciones literarias modernas de América hispánica» (10) y los gérmenes de las novelas del siglo xx. El artículo se despliega en esa bilateralidad, por un lado revisa un texto colonial y por otro despliega los procedimientos hacia el futuro. Si por una parte Pigafetta está en la base de algunas crónicas coloniales, las de Pedro Mártir o Gómara por ejemplo, también ha tenido un impacto como fuente documental que se trasluce en los textos literarios. La pretensión del cronista es hacer familiar el extraño Nuevo Mundo, un procedimiento que autores actuales como José de la Cuadra o García Márquez han utilizado, bien es sabido que este último se hizo eco de esa «realidad desaforada» que llevaba a los escritores a tener que inventar muy poco y en cambio hacer creíble su realidad. Ello nos recordará de inmediato las estrategias presentes en Cien años de soledad.

Dos vertientes se aprecian a partir de este momento en los ensayos, la que hace referencia a la literatura ecuatoriana y la que medita sobre la literatura del siglo xx. Las dos se nutren entre sí. La temática ecuatoriana se abre con un apasionante ensayo acerca de las memorias del viaje del escritor francés Henri Michaux al Ecuador, Ecuador. Journal de Voyage  (1929), un texto que recientemente ha editado Humberto Robles en la misma editorial Paso de Barca con el título Michaux y su Journal de voyage. Hacia ecuadores y allende: Presencias, rastros y contrapuntos (con varios rescates y anexos). El primer elemento de juicio que apunta no es demasiado alentador, puesto que firma que el libro de Michaux es un libro enmarañado que exige ayuda, que hay que leer y releer teniendo en cuenta que es un conjunto de fragmentos que cuenta las experiencias del autor por el Atlántico, por el Ecuador andino y por la Amazonía. En el horizonte temporal del libro, de 1926 a 1929, se advierte la necesidad de un lector participativo que tiene que tener en cuenta que se trata de unas memorias de viaje, pero que no es un mero reportaje, es más bien un tratado que responde a una estética y a una visión del mundo, se trata del viaje a un «centro imaginario, a un presunto ecuador, [que] se remonta a planos míticos, llámense Oriente ecuatoriano, París o, sencillamente, viviendas paisanas, la grita de una quena, las amonestaciones de un pregonero» (63). Se impone entonces un lector que ha de necesitar un «bastón apropiado y necesario» que ayude a entender lo que con el autor vamos descubriendo, de ahí el título del ensayo: «Cual los imbéciles, buscando un bastón. En torno al enmarañado viaje de Henri Michaux al Ecuador». En la misma línea del ámbito ecuatoriano tenemos «Imagen e idea de Guayaquil: El pantano y el jardín (1537-1997)», donde realiza un asedio a la historia de la ciudad desde sus orígenes para buscar esa definición y esa identidad en la recuperación histórica realizada por cronistas e historiadores europeos, para luego acceder a los escritores de las generaciones más recientes. Todos ellos entregan y traban la imagen de Guayaquil. De este repaso emergen tanto los estudiosos de los siglos xviii y xix, así como la literatura contestataria que cobra aliento a principios del siglo siguiente con obras como A la Costa (1904) de Luis A. Martínez y la generación de escritores de 1930, sobre todo el Grupo de Guayaquil, con José de la Cuadra, Alfredo Pareja Diezcanseco o Joaquín Gallegos Lara con Las cruces sobre el agua  (1946). Completa la revisión con otros nombres como los pintores y cronistas actuales sobre los que gravita el proceso de globalización en una ciudad acosada que sin embargo no deja de tener sus referentes literarios y culturales de los que el crítico da cuenta con detalle.

La narrativa ecuatoriana encuentra su representación en dos trabajos dedicados a José de la Cuadra y a Pablo Palacio, ambos máximos representantes de esta literatura, el primero trata acerca de la génesis y vigencia de Los Sangurimas, en donde comparte la idea de que José de la Cuadra «da forma a una realidad en la que la tendencia mítica, lo hiperbólico, la tragedia, lo cómico y lo extraordinario tienen un papel fundamental» (175), por lo que algún crítico lo consideró antecedente de Cien años de soledad. Tiene interés el análisis de las prácticas narrativas, así como de la mezcla de lo fabuloso y la historia, pues sostiene que presenta «una realidad multifacética y extraordinaria donde hallan cabida seres alienados y monstruosos», utilizando también la hipérbole, los distintos planos y otros elementos míticos; todo lo cual hace que Los Sangurimas  se convierta en una obra que «anuncia su vigencia y modernidad» (182). En cuanto al ensayo dedicado a Pablo Palacio destaca, frente a la divulgada biografía, sus obras capitales como Un hombre muerto a puntapiés  (1927), Débora  (1927) y Vida del ahorcado  (1932), títulos que chocan contra los cánones de una literatura de protesta y denuncia social que predomina en el Ecuador hasta 1930. Robles destaca cómo para el autor «la ambivalencia y la incertidumbre determinan las circunstancias del hombre en el mundo» (187) y por ello no auspicia una literatura al servicio de una causa fijando un tema clave: «la lucha del ser humano contra una realidad que lo amenaza y asfixia con su formulismo» (190). Palacio se rebela contra las convenciones de una literatura realista, cuestiona sus artificios y sus suposiciones como sucede en Débora .

En el libro se incluyen dos ensayos sobre dos poetas ecuatorianos, uno acerca del controvertido autor de vanguardia Jorge Carrera Andrade y la apreciación de una de las obras de Mario Campaña, Aires de Ellicott City . Esta última es analizada con la sucesión de una serie de fragmentos reflexivos acerca del poema largo de Mario Campaña, en el que apunta el «engranaje metafórico y existencial» de una escritura que apunta al silencio (99). El libro presenta un contenido meditativo de la relación del hombre con su existencia en el mundo, pero ello es realizado con una serie de procedimientos que el crítico analiza, así como en las últimas secuencias del libro observa que hacen frente al enunciado de cómo se puede evidenciar esa «insaciable certidumbre» (106) en un texto en el que tanto el autor como el lector están en movimiento, buscando nuevas e infinitas posibilidades. Al tratar el ensayo dedicado a Jorge Carrera Andrade el objetivo es otro. Partiendo de su personalidad conflictiva y contradictoria, propone rescatar contradicciones y antagonismos, para ello se referirá a escritos que la crítica ha pasado por alto o ha discutido solo tangencialmente, como la correspondencia, algún ensayo poco conocido, su autobiografía, y sus memorias. Es el caso de la correspondencia que mantuvo con César E. Arroyo y Benjamín Carrión, en las que analiza su perfil complejo y ambivalente, lo que también enriquece y humaniza su figura. También parece desbaratarse la imagen del poeta sin escuelas, distanciado del creacionismo, y de la vanguardia en general para concluir que realiza una «Poesía artesana, de tejedor esmerado, poesía pulida, axiomática, precisa, calculada y labrada hasta la minucia» (220).

Los cinco artículos restantes son, con seguridad, más conocidos por los investigadores. Los primeros en el tiempo, pues datan de la década de los años 70, son «Perspectivismo, yuxtaposición y contraste en El Señor Presidente» y «El círculo y la cruz en Hijo de hombres»; a ellos se unen «Variantes en Pedro Páramo», ya de los años 80 y los dos trabajos sobre Borges que datan de la primera década de este siglo. Acerca del primero de los citados apunta que ese procedimiento característico de la vanguardia de «la yuxtaposición de perspectivas y las oposiciones no solo se constituyen en una metáfora fundamental para entender el diseño y el sentido de la novela, sino que al mismo tiempo revelan la esencia del procedimiento metafórico de Asturias en El Señor Presidente  (145), por lo que analiza algunos capítulos comprobando las asociaciones de imágenes que informan la novela. Es este un procedimiento que refleja su doble realidad, el mundo abierto y el oculto. Para incidir también en procedimientos como los paralelismos, los contrastes, los desdoblamientos, las máscaras, la parodia, lo grotesco, y en esencia toda la elaboración artística de El Señor Presidente . Por su parte el trabajo sobre la novela de Juan Rulfo abunda en un tema apenas valorado en los estudios del autor y no menos importante, el de las variantes que presentan las ediciones sucesivas del texto, sobre todo si se comparan la primera y la quinta edición. Con este propósito se valoran los cambios en el léxico o en las frases, para concluir resaltando el cuidado que el autor pone en la presentación total de la novela en aspectos, no solo del discurso, sino en la trabazón narrativa y temporal.

En cuanto al análisis de Hijo de hombre  de Augusto Roa Bastos, se apoya en los dos epígrafes que sintetizan la obra, uno bíblico y otro del Himno de los muertos  de los guaraníes, en los que subyace la idea de una constante batalla entre la vida y la muerte y la idea de resurrección, para fijarse en la disposición de la novela organizada a base de círculos mayores y menores que se emulan el uno al otro. Ello implica una visión mítica del cosmos que consiste en la repetición rotativa de cataclismos que promueven un aparente fin del mundo así como un recomienzo. Aquí también Roa Bastos fija correspondencias entre la violencia del hombre y la avasalladora violencia de la naturaleza dando entrada al análisis de las imágenes que reflejan los esfuerzos del ser humano. Todo ello constituye un excelente análisis clarificador tanto del contenido como de la estructura, pues la técnica encaja dentro del montaje de imágenes, símbolos, historia, mitos y alegorías, esparcidos aparentemente sin conexión alguna, y que revelan una consciente estructura en la que se conjugan tiempos y espacios distintos en torno de los motivos del círculo y la cruz. Se concluye que es un admirable fresco lírico y épico de la grandeza del ser humano, a pesar de sus fracasos, y un rechazo del absurdo del mundo.

Los dos artículos sobre Borges están situados, uno hacia la mitad del libro y el segundo como cierre final. En el caso de «Borges, “Guayaquil” y sombra del caudillo (Una historia de la imprecisiones, silencios y davídicos coregas)» puede considerarse una buena transición a ese otro tipo de temas, dado el locativo que constituye el título del texto borgiano. Es este un ensayo intensamente trabajado y con amplísimas sugerencias. El crítico parte de que Borges se apoyó en Nostromo  de Conrad, pues debe leerse como un texto que tiene presente alguna consecuencia del caudillaje en el vasto proceso de emancipación política y espiritual hispanoamericana, del que es una reinterpretación histórica: Se hace referencia al encuentro de Bolívar y San Martín el 26 y 27 de julio de 1822 en Guayaquil. Por un lado si Nostromo  remite a nacionalismos y caudillajes, a ficciones y a una visión de la historia como un constante arreglo y desarreglo de interpretaciones, ello alienta el comentario sobre la realidad y el destino sudamericanos, sobre las luchas hegemónicas. Por eso «Guayaquil» «es una ficción que remite a otra ficción y que se desparrama por medio de alusiones a otros imaginarios que se amplían, bifurcan y estallan hasta hacernos ver la imposibilidad de llegar a la certeza de los hechos» (116).  Triunfará lo americano con Bolívar, pues San Martín se contempla más bien como un militar europeo que nunca comprendió a América, pues siguiendo la afirmación de Sarmiento no fue un caudillo popular, sino de formación europea (129). Otra implicación encuentra el crítico tremendamente sugerente y es la relacionada con Perón: Sabida es la opinión de Borges acerca de él, y «no resulta inverosímil suponer que El informe de Brodie  (abril, 1970) deviene una suerte de respuesta a La hora de los pueblos  (agosto, 1968), libro que Perón había publicado en España» (134) y que evidenciaba su deseo de recuperar el poder.

«El converso y “El Sur” de Borges: Memoria, antifascismo, antiperonismo y antibarbarie» supone un cierre de oro de este libro a través de unas reflexiones en las que se estudian las fechas no solo de los sucesos que se cuentan sino también que las ideas más elaboradas, como el hecho de que no se ha calibrado la «distinción fundamental de Borges entre poesía gauchesca y poesía hecha por gauchos, ni su polémica sobre Martín Fierro» (300), pues para él no es un símbolo de la nación sino un malevo desertor que conduce al culto de la barbarie. Robles cree que hay que tener en cuenta esta opinión, así como que entre 1945 y 1955 tenemos el ascenso de Perón con lo que aparece su radical antiperonismo:

«En “El Sur”, de un modo u otro, están alusivamente presentes el fascismo, el peronismo y, de modo particular, los arrebatos a que el ímpetu de una tradición es capaz de arrastrar a un sujeto» (304). Según estas opiniones de Borges, «El Sur» se proyectaría como un testimonio «antifascista, antiperonista, y antibarbarie» (307) negando los nacionalismos e incidiendo en «el patrón de la fatalidad de un destino, de un destino argentino» (310), idea que también aparece en el «Poema conjetural».

En definitiva, el libro que comentamos presenta trabajos fundamentales para la comprensión de la literatura del continente en el pasado siglo y es recomendable para cualquier lector interesado en el tema.

 


Reseña publicada en  Guaraguao . año 21, nº 54, 2017, págs. 233-239.


De Pigafetta a Borges. Ensayos sobre América Latina

Texto de la contraportada :

En la rica tradición del ensayismo latinoamericano, este De Pigafetta a Borges de Humberto E. Robles está llamado a ocupar un lugar por derecho propio. Ajeno a las ventajas del facilismo y las modas, el enfoque de Robles no apunta a la parte glamorosa de la literatura sino a las instancias en que mundo y palabra, la riqueza de la región, su materialidad acrisolada y el lenguaje gestado en la tensión cultural cotidiana, han desarrollado ese mundo distinto e irreductible en que consiste la literatura en su función estética y cognoscitiva. Con rigor, con fructífera minuciosidad y una prosa creativa pero precisa, Robles busca los sentidos profundos de ese encuentro. Porque estos ensayos no son solamente estudios sobre literatura latinoamericana, sino indagaciones sobre América Latina, o, mejor aún, sobre cómo, en ocasiones, la literatura y la crítica son capaces de generar conjuntamente un pensamiento estético en y sobre la historia latinoamericana.

Sobre el autor:

Humberto E. Robles (Manta, Ecuador, 1938), es Professor Emeritus de Northwestern University. Enseñó también en University of Chicago.  Es estudioso de la vanguardia, de la que es uno de los principales especialistas en Latinoamérica; de las culturas regionales; de las representaciones femeninas en la novela; las imágenes de la ciudad; y las relaciones de teoría y cultura. En su biografía destacan: La noción de vanguardia en el Ecuador: recepción, trayectoria y documentos (1918-1934), la edición crítica de El montuvio ecuatoriano. Ensayo de presentación, Testimonio y tendencia mítica en la obra de José de la Cuadra, entre otros títulos. Sus ensayos han aparecido en importantes revistas académicas de América y Europa.

 

 

Artículos Relacionados