Por Héctor Manuel Gutiérrez

En vísperas de la cercana presentación de un segundo libro, se me pide producir una lista de los autores que han influido en mi preparación como poeta o escritor. En principio, no he tenido que rebuscar mucho, por dos razones: la primera, que los autores en cuestión no son tantos y la segunda, coincidencialmente tenía preparado ya un epígrafe para mi tercer libro, en vías de publicación. He aquí el texto:

A los que se quedaron en mí o me hicieron volver:
Los Poetas Malditos, Lorca, Delmira, Borges,
Juana, Cortázar, Margerite, Neruda, Lezama Lima,
Alfonsina, Huidobro, Del Casal, Whitman, Martí,
Vallejo, Julia, Paz, Diego, Benedetti, Silva,
Dulce María, Rilke, Gabriela, Oteiza, Mallarmé,
Sor Juana, Cabral, Kavafis, Rumi, Machado…[1]

Con esto quiero decir, que preferiría me preguntaran qué poetas ocupan el espacio que actualmente dedico a la lectura: el número sería aun menor y el camino menos escabroso. Francamente, quizás contra mi propia voluntad, tendría que contestar que todavía me sojuzga una buena porción del canon mundial de los últimos siglos, como evidencia la auto-cita.

De todas maneras, con una marcada sonrisa, me he puesto a husmear tanto en mi biblioteca personal como en mi propia interioridad. Sin quererlo, las neuronas, con su acostumbrada testarudez, me han conectado con el tema del buen leer y de pronto me vienen dos nombres a la mente: Jorge Luis Borges y Alberto Manguel.  Sabemos que Borges concebía el universo como una enorme biblioteca,  y se enorgullecía más de sus lecturas que de sus escritos. Manguel, lector voluntario para Borges en su ceguera cuando joven, es autor, entre otras obras, de El viajero, la torre y la larva: El lector como metáfora. Tiene una biblioteca privada con más de 60,000 volúmenes.

Admito que ninguno de los dos es estrictamente poeta, pero he de agregar que gracias a la convicción de este binomio maestro-alumno, se le ha dado gran importancia a la noble actividad de la lectura, moción que he respaldado con genuino entusiasmo. Por este detalle primordial, tal vez  no puedo evitar la intromisión de algunos axiomas que repercuten con frecuencia en el hilo dialogal cuando me siento a leer o a escribir. En otras palabras, en vez de conectarme numéricamente con una lista de autores, me acosa el argumento respecto a la relevancia de leer, no de acumular nombres. Podría citar entonces, como resultado de esas subjetivas intrusiones, enunciados como: “el analfabetismo fue la norma durante la mal llamada Edad Media”, frase inicua que he escuchado por décadas. Debo incluir que también oigo, en mis acostumbradas tertulias literarias y no tan literarias, que la lectura es una actividad de la <<elite>>, como resaltan los más cínicos. Efectivamente, la “civilización occidental” escribió grandes páginas saturadas de logros, conquistas y paradigmas en lo político, en lo social, en lo estético, científico, etc. Todo esto se ha documentado o promovido por la intencionalidad de los victoriosos y la insistencia del poder, o con mayor certeza, los que disfrutan del poder; unido todo esto a la habilidad de leer y escribir. Sin embargo, ¿qué nos garantiza que la mayoría de la población mundial pudo olfatear siquiera la superficie de los documentos que registraban esa fragmentada consecución cultural? La respuesta es obvia y puede ser tema para una futura discusión que espero abordar en otro momento.

Pero volvamos a la pregunta original: la lista de autores.  Haciendo uso de mi condición de lector, no de escritor con esperanzas de algún día acomodarme en uno de los cánones, reales o no, ejerzo mi derecho a desviarme. En lugar de crear una enumeración con pretensiones de erudita, propongo otro argumento: supongo que muchos de nosotros estamos familiarizados con la simple tarea de improvisar  una lista de quehaceres en la casa o de mercancías a comprar en el supermercado. En determinadas circunstancias, podría ser un listado de los antojos que deseamos tener o sensaciones que hemos de experimentar algún día. Son recuentos con un propósito cotidiano, por ende fácil de elaborar. Elijo entonces conectarme a otro aspecto más significativo. Con perdón a los que tan amablemente me han preguntado, prefiero responderles que lo que sí sería difícil es crear una recapitulación de autores que activa y persistentemente escriben poesía en este extraño, indefinido y complejo período que comprende las dos postreras décadas del siglo XX,  más las dos primeras del presente.

Y digo difícil porque ahora el mundo es mucho más pequeño, se escribe más poesía (o por lo menos existen más individuos que se auto denominan poetas). Por otro lado, para bien o para mal, los medios de difusión son más asequibles, en un mercado donde prevalece el sistema de auto-publicación y no el tradicional concepto editorial. En otras palabras, los que empujan y costean las tiradas de los muchos escritores que se proliferan día a día, son los autores mismos. De aquí que crear un inventario produciría una caterva de idiosincrasias de regiones, estilos, inclinaciones, naciones, ideologías. Todo este embrollo obligaría a antólogos, críticos o simplemente individuos que persiguen catalogar o fabricar estadísticas, a enfrascarse en una labor descomunal más cerca de lo cuantitativo que de lo propiamente literario. Teniendo lo de arriba muy en cuenta, mientras disfruto de las caricias que me otorgan las brisas del libre albedrío, concluyo entonces con un desafío a los inquisidores. En vez de contestar la pregunta que se me ha hecho, prefiero señalar lo que se ha dicho ya tantas veces: crear antologías, fabricar listas, o sugerir paradigmas, infaliblemente lleva a crear “cánones” de sospechosa validez. Es una labor para la cual no tengo la capacidad, ni deseo de emprender. Aunque (aquí entre nos) confieso que sí estaría interesado en conocer a los que se sometan a tan austero régimen y se aventuren en el ambicioso proyecto. Mientras tanto, colegas lectores, agradeciéndoles la visita, los dejo en esa coyuntura. ¡Felices lecturas y hasta el próximo encuentro!

Héctor Manuel Gutiérrez, ha realizado trabajos de investigación periodística y contribuido para revistas de arte y música tales como Latin Beat MagazineLatino Stuff Review y Nagari. Funge como lector oficial y consultor de la división Exámenes de Colocación Avanzada en Literatura y Cultura Hispánicas en College Board. Es autor de los libros CUARENTENAS, Authorhouse, marzo de 2011 y CUARENTENAS SEGUNDA EDICIÓN, Authorhouse, agosto de 2015. Prepara para publicación su tercera entrega CUANDO EL VIENTO ES AMIGO.

[1] De la introducción a Cuando el viento es amigo, derechos reservados.

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