El lector de El Expreso del Sol se deja llevar de la mano de la autora, Pilar Vélez, por una travesía fascinante y dolorosa a la vez, a lo largo de más de seis décadas de dramática historia colombiana. A lo largo de 300 apretadas páginas, nos sumergimos en un universo donde se recrea el enjambre de las buenas, regulares y malas costumbres de nuestra más inmediata semejanza, fruto de una educación superficial y ambigua, de una catolicidad pintorreteada de maldad encubierta y de una falsa espiritualidad que solo reconoce el culto al becerro de oro y a las más mezquinas, egoístas e interesadas relaciones de la familia y de amigos.

Colombia es un país que siempre ha mostrado al mundo una falsa faz democrática, mientras rige la intolerancia ideológica, la inequidad, la corrupción de los gobernantes y la injusticia social. Y uno de los factores y consecuencias de ese absoluto desprecio por el prójimo es el drama que trata la novela que nos ocupa: el desplazamiento forzado.

El Expreso del Sol es el título alegórico de la historia de estos trayectos vitales, llenos de valor, sufrimiento y dignidad, por las cuales una familia colombiana debe sentar sus reales en tierras diferentes a donde nació. Es la más exacta radiografía de la Colombia de los años cuarenta, cincuenta, sesenta y de ahí en adelante vista en retrospectiva desde la Florida ciclónica, ancha y ajena.

Corintia, la narradora del libro, nos cuenta de su vida y de otras vidas en un lenguaje ágil, directo y sencillo, mediante un ritmo sostenido que no vacilaría en calificar de plática in crescendo, con el cual logra exorcizar aterradoras situaciones con una esplendida minuciosidad, recreando lo horripilante con el más el más sereno virtuosismo.

Pilar Vélez demuestra un ejemplar dominio de la narración lineal a través de una rica verbalidad y de una destreza literaria muy actual, muy colombiana, muy de nuestro tiempo, que hace que el lector viva la trayectoria vital de su protagonista desde el visor del oleaje furioso del mar en Key Biscayne que aguarda una tenebrosa tormenta tropical.

La narración, historia novelada, crónica, relato testimonial o como quiera llamársele a este libro, atraviesa la geografía colombiana desde el viaje de la niña de seis años en un tren lleno de imprevistos, con la recreación de las poblaciones recorridas, con historias de Bolívar en Chiriguaná, y los sueños permanentes de la niña volando entre las tinieblas.

La niña parece feliz. Escenas enmarcadas de paisajes, guacamayas —¡Tantos colores para un solo animal!—, hasta la llegada a la Dorada y de allí el trayecto en bus hasta la capital del Valle del Cauca.

Nueva vida en Cali, reflexiones y delirios, la casa, el patio, el barrio, las noches, los miedos. “Sentí correr por mis venas el miedo que, como la insidiosa cicuta, hiela la sangre y nos paraliza” …la presencia de la muerte hasta que “roce con mi rostro el rostro de la muerte”, nos cuenta la protagonista con cierta reminiscencia rulfiana.

Más tarde, la escuela, el reencuentro con sujetos tenebrosos, y siempre, el miedo, el pánico. La abuela Rosario y la madre Violeta como presencias cercanas y lejanas a la vez. Los vecinos, doña Salomé, Eliseo, Carolina, y la inevitable realidad: “¿Por qué somos tan pobre, abuela?”. Pero allí mismo imperando la violencia bipartidista, los politiqueros farsantes, la desigualdad social, el asesinato del abuelo, ecos de Dios, de Gaitán, del demonio, de Laureano… El sanguinario y carroñero Cóndor con sus nefastos pájaros, “cristianos crucificadores”, como los llamara Neruda, y la niña Violeta ensangrentada junto al cadáver del padre muerto.

Y muchos años después: la reflexion. Siempre la narradora está repasando su vida y la de sus mayores, meditando, tratando de racionalizar lo irracional, sobre recuerdos aciagos. Y la madre “que huye del ayer” recordando el único respiro de alegría en llanto sorpresivo de Amalia cuando llega a la vida como una esperanza “ignorante del mundo y sus vicisitudes”. Pero el viacrucis sigue cuando la pobre abuela pasa de campesina pobre y desplazada a mendiga de ciudad.

Y la vida continúa. Los niños crecen. Se relata toda aquella evolución humana, los pretendientes, la intuitiva Rosario oponiéndose con ferocidad al noviazgo de su hija con el alcohólico medico de animales. Encierros, regaños, palizas. Violeta se sale con la suya, pero como casi siempre ocurre, termina donde Rosario reconociendo su error. Y el expreso de la vida sigue haciendo su recorrido. Y otro dolor: la muerte Marco Antonio por “mal de ojo”.

“Mis ojos vuelan –dice la protagonista– en busca de la luz del sol que penetra alegre por la ventana, y me imagino que es tu luz la que me toca, la que me habla. Escribo tu nombre junto al mío, y te sonrío desde mi alma, que se ilumina como un campo de girasoles”.

Llegan y se aúnan problemas del corazón y problemas fiscales; la tienda-bar con canciones de Alci Acosta mezcladas con fuertes olores a tabaco y cerveza. Luego, obviamente, la ruina. Servidumbre de la madre de Corintia como empleada domestica. La niña en la escuela pública. Luego, Violeta de obrera en los almacenes “La Garantía”, la fábrica de confecciones más grande de Cali, donde la madre allí “hace su propia revolución industrial”.

La llegada del tío con un pequeño monstruo, “un marciano verde de ojos saltones”. Y entretanto, la niña-narradora se recuerda así misma pintando por primera vez la bandera de Colombia en medio del más cruel matoneo escolar, pero también de gloriosas compañeras.

Conflictos del padre de Corintia con la abuela por sus recurrentes borracheras. La niña y su padre, a quien ama de veras y la ausencia de ése y su traumática vida… Y los nuevos proyectos de la madre, quien ha viajado a Venezuela. La abuela Rosario y Corintia, relación conflictiva. El retorno de la madre: es otra mujer, más independiente, segura de sí misma que se vuelve empresaria, emprende nuevos amores con promesa de boda.

Amistades nuevas con cristianos catequistas. Acercamiento a la filosfia clasica y a las ideas revolucionarias. Amigas, comunidades, resistencia a un pedófilo, y luego el golpe demoledor de la muerte de su padre, la desilusión amorosa con un novio infiel que la engaña con una quinceañera, una extensa conversación con su madre, un baúl que redescubre y revela objetos y fotografías como una caja de pandora, hasta que El Expreso del Sol arriba a su última estación y la historia cierra con la muerte de Rosario, la abuela, la matriarca.

El Expreso del Sol, de Pilar Vélez, es una novela totalizadora donde la realidad y la ficción galopan en ritmo paralelo por la historia agridulce de la Colombia contemporánea de manera audaz, reveladora y tormentosa.

 

JOSÉ LUIS DÍAZ-GRANADOS

Bogotá, 29 de abril de 2017

 

BIOGRAFÍA

José Luis Díaz-Granados nació en Santa Marta, Colombia, en 1946. Es escritor, poeta, novelista, periodista cultural y profesor universitario. Ha trabajado como funcionario y  Jefe de Divulgación del DANE del Departamento Administrativo Nacional de Estadística hasta 1981.

Ha sido comentarista bibliográfico de “Lecturas Dominicales”, suplemento literario de “El Tiempo”, asesor del Contralor de Bogotá, asesor cultural para la Feria Internacional del Libro.

Asimismo ha colaborado como redactor del Diccionario Enciclopédico de las Letras de América Latina (DELAL), Fundación Biblioteca Ayacucho, Caracas, Venezuela (1991) y como redactor de ensayos para la Colección “Guías de Lecturas”, de la Editorial Oveja Negra.  Asimismo fue miembro del Consejo Asesor para la Profesionalización del Artista, Ministerio de Educación Nacional desde 1991 hasta el año 2000.

Fue profesor de Literatura Colombiana en el Instituto Universitario de Historia de Colombia durante seis años. Ha sido Presidente de la Casa Colombiana de Solidaridad con los Pueblos, de la Unión Nacional de Escritores (UNE) y del Instituto Cultural “León Tolstoi” y del Consejo Consultivo Mundial de la Unión Hispanoamericana de Escritores (2009). También fue secretario de la Academia Hispanoamericana de Letras y Ciencias. Ha colaborado como prelector y jurado en para el Premio Nacional de Novela, Ministerio de Cultura  y el Premio “Casa de las Américas”, La Habana, Cuba.

Como profesor impartió cursos de Técnicas Narrativas en el Instituto Internacional de Periodismo “José Martí”, de La Habana, Cuba, fue profesor de la Cátedra “Octavio Paz” en la Maestría de Literatura de la Pontificia Universidad Javeriana y profesor del Seminario de Autor Colombiano “Luis Vidales” en el Pregrado de Literatura de la Universidad Javeriana, así como instructor del Seminario “Leyendo a Neruda, Poeta del Siglo XX”.

Ejerció de presentador del programa de televisión “Ventana al Libro”, dirigido por Eligio García Márquez.

 

BIBLIOGRAFÍA

Poesía:
El laberinto (1968-1984),
Cantoral (1992)
Poesía dispersa (1994)
Rapsodia del caminante (1996)
Oficio terrenal (1998)
El libro de las visiones (2000)

Infantil:
Juegos y versos diversos (1996-1998)
Cuentos y leyendas de Colombia (1999)
Cuaderno matinal (1999)
Ritos de primavera (2005-2009)
El diluvio inolvidable (2007)
Los siete mejores cuentos colombianos (2008)
El zoológico insólito y otras rimas (2008).

Ensayo:
Las mil caras de la URSS (1987)
El otro Pablo Neruda (2003)
Crónicas del milenio (2004).

Novela:
Las puertas del infierno, Bogotá, Editorial Oveja Negra, (“Biblioteca de Literatura Colombiana”, 66), 1986. (4 ediciones).
El muro y las palabras, Pereira, Editorial Gráficas Olímpica, 1994.
El esplendor del silencio, Bogotá, Proyecto Editorial “Famas y Cronopios”, 1997.
Ómphalos, La Habana, Ediciones Tritón, 2003.(4 ediciones).
La noche anterior al otoño, La Habana, Ediciones Tritón, 2005.(2 ediciones).
Los años extraviados, Bogotá, Editorial Planeta Colombiana, 2006.
Las puertas del infierno y otras novelas (2010).
Cita de amor al mediodía (2010).

Teatro:
La muñeca nocturna.

Relato:
Cuentos, 1968-2008, (2009)

Fuente: https://www.escritores.org/biografias/3801-diaz-granados-jose-luis

Premios: 
Premio de Poesía “Carabela” (Barcelona, España, 1968)
Finalista del premio Rómulo Gallegos, por su novela “Las puertas del infierno” (1985)
Premio Nacional de Periodismo “Simón Bolívar” (1990)
Premio Nacional de Novela “Aniversario Ciudad de Pereira”, por su obra “El muro y las palabras” (1994)
Medalla de Honor Presidencial del gobierno chileno “Centenario Pablo Neruda” (2004)
Poeta homenajeado en el XVI Festival Internacional de Poesía de Bogotá (2008)

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