Fragmentos  de la Ponencia presentada en la Casa de Poesía Silva por Edda  Cavarico, ensayista y contertulia de La Tertulia Tienes la Palabra, Bogotá, Colombia, con ocasión de la celebración de los 150 años de María de Jorge Isaacs.

En la siguiente ponencia de la ensayista Edda Cavarico, conoceremos algunos episodios de la vida  de dos grandes exponentes de la literatura colombiana: el poeta modernista José Asunción Silva (Bogotá, 27 de noviembre de 1865 – Bogotá, 23 de mayo de 1896) autor de El libro de Los Versos, NocturnoDe SobremesaGotas Amargas y el escritor y poeta del género romántico, Jorge Isaacs Ferrer, autor de la novela María, (El Cerrito, República de Nueva Granada – 1 de abril de 1837 – Ibagué, 17 de abril de 1895).  Para internarnos en el contexto de vida y obra de estos autores, es necesario partir desde la ubicación en la crítica literaria, conocer cómo fueron percibidos y plasmados —el modernismo y el romanticismo en la literatura colombiana y situar estos movimientos en latinoamérica. Tratándose de dos poetas que compartieron un periodo de vida en Colombia y que brillaron por su trabajo literario, es interesante buscar en los anales de la historia si en realidad existieron lazos de amistad entre ellos y si sus obras reflejan similitudes o agudas diferencias.  Su trabajo amerita indagación y sea esta primera publicación en nuestra revista literaria Poetas y Escritores Miami, el antecedente a una más profunda elaboración sobre el legado de Silva e Isaacs. Por ahora le dejamos al lector la última palabra y la invitación sugerente  para que lea por primera vez o retome la lectura de las obras de estos dos autores.

En su ponencia, Edda nos plantea diversos puntos de vista de autores y críticos, entre ellos: Jaime García Mafla, Eduardo Camacho, Angel Rama, Guillermo Sucre, Baldomero Sanín Cano y Octavio Paz y nos hace  un recorrido histórico en el que se mencionan eventos y personajes que marcaron la época, además de cartas y anécdotas de quienes conocieron a Isaacs y a Silva, lo que sin duda amplia la documentación de sus biografías. Cabe señalar que es de gran relevancia contar con los testimonios que ayudan a construir la historia del poeta José Asunción Silva, quien se suicidó a la edad de 31 años dejando una producción literaria breve, pero de gran importancia para el mundo literario. 

 

Fragmentos de la ponencia:

El Modernismo, el Romanticismo y la Ubicación Literaria:

José Asunción Silva

Comienzo con el crítico Jaime García Maffla, quien en su aporte al Manual de Literatura dice: “Para Colombia, lo mismo que para los demás países hispanoamericanos, la historia del movimiento romántico es sencilla y está ya descifrada, cernida en cuanto a los nombres, las obras y respecto a su interior o sus contenidos… Y resulta claro que el romanticismo hispanoamericano y con él de Colombia, no puede ser fijado ni definido  con los mismos patrones del movimiento romántico en Europa, donde tuvo su origen… El  movimiento modernista hispanoamericano, tal vez  iniciador con más profundidad y autenticidad de espíritu independiente que el de los mismos que hicieron la independencia política, rompe en poesía y vida con su propio pasado, el romántico,  volviendo la mirada esta vez hacia Europa, para alimentarse de una modernidad que sí se constituía impulsada por su medio ayer romántico,  dándole fórmula primera aún imperfecta, pero estaba depositada la semilla”.

En  la generación de los poetas románticos, Jaime García Maffla señala a: José Eusebio Caro, Julio Arboleda,  Rafael Núñez, Gregorio Gutiérrez, Rafael Pombo, Diego Fallón, Jorge Isaacs, Epifanio Mejía… “En los poetas costumbritas motivos que podrían considerarse profundamente románticos: la invitación hacia lo exótico y la mirada hacia las formas primitivas del vivir; preciosas estampas del mundo y del hombre alejado de la civilización, que obedece a un sentimiento de comunicación, de comunidad, haciendo del hombre uno más de los seres confundidos con la naturaleza…”El mismo Maffla cita al crítico historiador Eduardo Camacho Guizado en su trabajo Itinerario de las letras colombianas, quien manifiesta a manera de pregunta que “Lo romántico constituye una actitud humana intemporal, eterna, que se opone a lo clásico y que, por tanto, se puede hallar en cualquier época, en cualquier parte...”.  Y concluye: “El romanticismo cambia a América, pero América cambia al romanticismo, lo hace propio, le da unas características peculiares y concretas, distintas de las que posee en Europa”.

Jorge Isaacs

En  la Estética del Modernismo en Colombia  publicada  en el Manual de Literatura escrito por Eduardo Camacho Guizado, analizando el período entre 1880 y  1910, dice: “En el transcurso se produce el fenómeno dominante en las letras latinoamericanas comúnmente denominado como “modernismo”, aunque en el caso particular de la poesía colombiana existan peculiaridades diferenciales, no bien matizadas por la crítica, con respecto a la de otros países…”. El momento histórico, en términos generales –dice F. Pérus– corresponde a una fase bien definida de la historia de América Latina, que se caracteriza por la implantación del modo de producción capitalista en escala continental… Es un momento de autoctonía…

Para el crítico latinoamericano y escritor uruguayo Angel Rama, “El modernismo es una “manifestación de autonomía poética latinoamericana…”Para Octavio Paz, “La originalidad del modernismo no está en sus influencias sino en sus creaciones”.

Guillermo Sucre, traductor y critico venezolano dice: Con el modernismo aparecieron en nuestra poesía el goce y el esplendor del lenguaje, la conciencia de sus poderes. Lo que no encarnó del todo con él, y quizá no podía ser de otra manera, fue la modernidad..”.  Aclaramos que la modernidad es un fenómeno urbano identificado por Baudelaire como “el mundo de las grandes ciudades sin verdor, con toda fealdad, su asfalto, su iluminación artificial”.

El historiador  antioqueño Jaime Jaramillo Uribe, desde la Universidad Nacional en 1870, plantea el momento nacional así: “comienza a trabajar con el método científico y a beneficiarse del espíritu pragmático anglosajón, más acorde que el espíritu francés  con las nuevas necesidades de un país que empezaba a pensar en los términos del desarrollo industrial y más eficaz para una élite burguesa que empezaba a madurar en Bogotá y otras ciudades del país. También el positivismo influyó notablemente de diversas maneras,  en la obra de literatos como Núñez y Silva”.

Vale la pena conocer lo que el literato y escritor antioqueño Baldomero Sanín Cano dijo de su amistad con Silva: Creo que  nuestra amistad se basó principalmente en la necesidad que él (Silva) tenía de hallar una persona extraña del medio social del que formaba parte, para hablarle de sus anhelos, de su experiencia de la vida, de sus lecturas. Encontró en mí un terreno admirablemente preparado, una receptividad desprevenida y ansiosa de enterarse. Por él conocí la literatura francesa del momento… Encontró en mi un terreno erial propicio al cultivo en que estaba empeñado él mismo”.

Informa el autor del ensayo del que cual se basan estos datos que, Los dos (Silva y Sanín Cano) descubren a Nietzsche y a otros escritores. Silva lo hace su confidente literario y le da a conocer los poemas que se resiste a publicar… Silva, por lo mejor de su obra, resulta ser un poeta altamente representativo del llamado modernismo latinoamericano…”.


Soledad Acosta de Samper

Notas del Editor

En cuanto a la contextualización histórica, Edda nos presenta algunos fenómenos sociales, económicos  y políticos de un país en efervescencia a causa de la pugna de poderes, la censura y una perenne necesidad de transformación.  Algunos antecedentes que enmarcaron la época son los siguientes: La producción literaria de autores como Rafael Pombo (1833 – 1912) y Soledad Acosta de Samper (1833- 1913), una de las escritoras más prolíficas del siglo XIX: 21 novelas, 48 cuentos, 4 obras de teatro, 43 estudios sociales y literarios, y 21 tratados de historia. Fundó y dirigió cinco periódicos, además hizo numerosas traducciones y es considerada como una de las pioneras del feminismo. La historia habla de Nicolás Tanco Armero, el primer colombiano en llegar a Hong Kong (1830), hijo del Ministro de Hacienda de Bolívar. (1839 – 41) Revolución Liberal. (1854) Agitación social con la revolución de los artesanos. (1860) Guerra civil (Mosquera Vs. Ospina Rodríguez). (1861) Toma de Bogotá por Mosquera. (1863) Convención de Rionegro. En cuanto a las publicaciones se encuentran varios escritos y fotos del Pasquín “El Alacrán” de tendencias socialistas cuyos directores fueron perseguidos y castigados por sus víctimas (1849). (1867) Publicación de la novela María de Jorge Isaacs.(1873) Llega el gas a Bogotá. (1874) Presidente Radical, Santiago Pérez. (1877) Expulsión del obispado.(1884)Revolución del Radicalismo.  (1884) Servicio  del tranvía de mulas entre la Plaza de Bolívar y Chapinero.  La Campaña de Rafael Núñez (1885) y en (1886), cuando es aplastado el Radicalismo como movimiento revolucionario y el triunfo de Rafael Núñez. (1882 )Vargas Vila publica folletines y panfletos políticos y en (1895) publica “Flor de fango”.

Anotaciones sobre el contexto literario latinoamericano:  

El modernismo, con grandes incluencias del Parsianismo, el Simbolismo y el Romanticismo, conquistó el mundo literario latinoamericano y español entre los siglos XIX y XX, siendo el poeta nicaragüense Ruben Darío (1867-1916), uno de sus precursores. Gracias a sus viajes, el poeta estuvo expuesto a influencias del Romanticismo francés, en especial de Víctor Hugo, de Gautier (Parsianos) y de Paul Verlaine (Simbolistas).  Entre las obras del poeta se encuentran: Azul (1888), Prosas Profanas (1896) y Cantos de Vida y Esperanza (1905).

El modernismo no solo fue un movimiento literario, sino una plataforma que marcó la complejidad de la época. Entre los autores que participaron de esta propuesta estética, tenemos a: José Martí, Julián del Casal, Manuel Gutiérrez Nájera, Salvador Díaz Mirón, Enrique Gómez Carrillo, Manuel González Prada, Carlos Pezoa, Amado Nervo, Josá Asunción Silva, Guillermo Valencia, Enrique González Martínez, Manuel Machado y Salvador Rueda, entre otros.

 


La amistad entre los poetas:

Encontrar relatos de la amistad de los dos poetas y narradores, no es fácil; tal vez, prueban el vínculo la carta-poema y la carta amistosa que Isaacs le envió a Silva con ocasión de la muerte de su hermana Elvira, analizada más adelante y que comienza: “ ¿Por qué las negras sombras de la muerte / tras el vívido albor de la mañana, / y el espanto, mudez y hondo silencio / al despertar llamándola en sollozos / los que en el mundo mísero quedamos?

Las condiciones sociopolíticas –que incluyeron el comienzo de la industria en Bogotá– los llevaron a la ruina económica, pero ambos escritores la percibieron con sentimiento  hacia el otro, hacia  el marginal, diríamos hoy.

La familia de ambos escritores era adinerada. La de Isaacs, de religión judía acristianada, venía de Jamaica con el ánimo de la explotar yacimientos de oro,  cuyo primer permiso  le concedió  Simón Bolívar para la explotación en el Chocó, época en la que este departamento formaba parte de Antioquia, situación que originó la teoría de que Jorge Ricardo Isaacs nació en esa región y que fue bautizado en otro lugar. Lo llamaron  “Judío errante” por los frecuentes viajes por Colombia, así fueran profesionales.

El padre de José Asunción Silva sufrió señalamiento por ser hijo ilegítimo; fue comerciante y escritor costumbrista poco valorado; celebraba tertulias literarias en su casa y a veces en el almacén ubicado, más o menos, enseguida del hoy Edificio Murillo por años Ministerio de las Comunicaciones. Se cree que en estas tertulias conocieron a Jorge Isaacs, cuyo padre se convirtió en terrateniente azucarero. Los dos poetas heredaron cuantiosas deudas que los llevaron a la ruina;  ninguno tenía sentido comercial.

Desagradable similitud vivencial la siguiente: Silva fue acosado por los acreedores hasta hacerlo renunciar a las comodidades familiares; tuvo 52 ejecuciones judiciales. Isaacs, cuando vivió en Bogotá, recibió acusaciones  de sus acreedores.

José Asunción fue maltratado socialmente desde sus compañeros de colegio y por las personas de otra clase social, siendo rumorado como “dandi”; y apodado “José presunción”. Desde los 12 años vestía con terciopelo; calzaba guantes de cabritilla y zapatos de charol; corbatas de raso, reloj de plata colgando de la leontina en oro. La tarjetera era de marfil. Y fiscamente fue como Isaacs, de facciones agradables, europerizadas.

Silva  fue calificado por el siquiatra Francisco Socarrás, prologuista desde la siquiatría en 1987 de una biografía del escritor. Ante la duda de si lo asesinaron  o se auto-eliminó, respondió: ¡Claro que se suicidó! ¿No ve usted que en la obra de Silva están exactamente los mismos elementos suicidas y pesimistas que en la obra de Leopardo”; él lo clasificó como Ciclotímico .Según su estudioso Ramón Mesonero Ramas, Silva poeta era el reflejo dramático del choque  de su YO y el mundo en los escenarios propios de lo romántico, que significan la evasión de la realidad, posible ruta a la desesperación, la angustia y el suicidio, lejos de la razón y las ideas.

El estudio sobre Isaacs, de María Teresa Cristina anota las escenas en que el YO valora el sentimiento, la ensoñación, el deseo de soledad, la felicidad inconseguible, la evolución de su amor se frustra—. Es casi idéntica la actitud de Silva, anotando la inmadurez  emocional que  Unamuno explicó así: “Silva buscó la muerte por la imposibilidad de seguir siendo niño”.

Según Baldomero Sanín Cano, al regreso a Bogotá, de Silva, comenzó la sintomatología de su depresión nerviosa que no lo dominó porque continuó con sus tareas económicas y literarias. Lo refuerza el estudioso Emilio Cuervo Márquez, quien afirmó que el desequilibrio de Silva se debía a su aislamiento y la falta de amigos; entre las muestras de soledad y seguramente también por razones económicas, no acepto ser vinculado al Jockey Club.

Silva repudiaba su medio y el ambiente que lo circundaba;  los consideraba desechos sociales, como  se puede interpretar el poema “Perdida”, del compendio “Intimidades”.. Según Jaime Jaramillo Uribe, trataba el tema social con trazos románticos y presentaba a los menos favorecidos como seres resignados a su tragedia que se salvarían y glorificarían en la otra vida, según la fe católica. El poema comienza:

… Algo terrible sentirá tu alma / infame libertino / que el taller tornas de la pobre obrera / en lupanar maldito! /

… Era una hermosa niña! Sus pupilas / tuvieron luz y brillo / y en su gracia inocente y descuidada / hubo algo de divino…”.

En las 9 entregas de  Las crónicas bogotanas que Silva publicó en el periódico “El Telegrama” con el seudónimo  de Mary Bell, se leen escritos suyos en verso y prosa, que adquieren sentido en cuanto a la crítica de  la sociedad de su tiempo. A la larga y dándole vida femenina  al seudónimo, pareciera un proyecto de novela.

Isaacs en su novela María (Poesía en narrativa para algunos críticos) destacó y valoró las negritudes y los indígenas a la vez que valoró a la mujer.   En su trabajo político se refirió y denunció la injusticia social. Un fragmento referente nos ilustra: “… Un frondoso y corpulento naranjo  agobiado de frutos maduros, formaba pabellón sobre el ancho estanque de canteras bruñidas; sobrenadaban en el agua muchísimas rosas; semejábase a un baño oriental y estaba perfumado con las flores”.

Ambos poetas eran sensibles a la naturaleza aunque en Isaacs es más fuerte por el tratamiento político que le dio a su denuncia oficial y la poesía contundente; por ejemplo el “Estudio sobre las tribus indígenas del Magdalena”; la poesía dedicada al río Moro, “La tierra de Córdoba” y muchos otros escritos. En silva el paisaje hace parte de la metáfora,  frecuentemente construida con la presencia del sol o de la  luna. Un ejemplo paisajístico es:

En los húmedos bosques, en otoño, /  al llegar de los fríos, cuando rojas /  vuelan sobre los musgos y las ramas / en torbellinos, las marchitas hojas, / la niebla al extenderse en el vacío / le da al paisaje mustio un tono incierto…”.

En el trabajo dedicado a Silva, incluido en la colección de biografías del Banco de la República, escrito por María Isabel Vargas Arango, ella, refiriéndose al Parnaso Colombiano  Antología publicada en fascículos por Julio Añes a partir de 1884  el poeta se lanzó al público con dos poemas,  cuyo título nos ubica en la naturaleza: “Las Crisálidas”  y “Las golondrinas”.

Para el crítico Donald McGrady,  la poesía de Isaacs es prosaica y descriptiva; sin profundidad y de “Sentidos ocultos” y lo califica como poeta colombiano secundario sin alcanzar la altura de Silva ni la de Pombo. Sin embargo para la ensayista María Teresa Cristina, quien publicó su trabajo en la Gran Enciclopedia de Colombia, el tema de la naturaleza es persistente, con sentido filosófico o mítico de concepción masónica de Dios como arquitecto del universo.

La lectura de los críticos nos obliga a recordar dos fenómenos: el del poeta que se apropia y el del lector que interpreta. En Silva, anota Gustavo Cobo Borda en su estudio publicado en la Gran Enciclopedia de Colombia que:  “Si la amada se sonríe, todo brilla. Si calla o se ausenta,  entenebrese cubierto de sombras y melancolías. Si lo trata con desdén, el mundo se enmudece y es misterio y tristeza infinita”.

Siguiendo con el paralelo entre sus vidas, se agrega en ambos ocuparon puestos públicos: En 1870, Isaacs  fue designado Cónsul de Colombia en Chile y en 1893, Silva  fue nombrado Secretario de la delegación en Caracas. Durante la guerra civil de 1885 se anticipó Isaacs en la crítica gubernamental. Y, Silva escribió el poema “El Recluta” que comienza:

Hasta que manos piadosas / algún sepulcro le dieron, …”.   Y termina:… “los ojos aún abiertos, / y la sangre, ya viscosa, / pegándole los cabellos, / estuvo toda la noche / de aquel combate sangriento.

Dos poemas del vallecaucano, Jorge Ricardo Isaac:  “La agonía del héroe” y “La tumba del soldado”; en éste se lee:

… Lora sobre la tumba del soldado, / y bajo aquella cruz de tosco leño / lame el césped aún ensangrentado / y guarda el fin de tan profundo sueño…

En cuanto a la novelística se conoce más María de Jorge Isaacs que  la novela De sobremesa de Silva. En la biografía de Jorge Isaacs que escribió Luis Carlos Velasco, titulada El Caballero de las lágrimas, afirma que  De sobremesa, de Silva, gran amigo de Isaacs,  se refiere al personaje que por ir detrás de la riqueza sacrificó su talento literario, teniendo por referente  oculto a Isaacs.  Además, valora paralelamente la elegía que escribió  Jorge Roberto Isaacs a la muerte de Elvira Silva, como equivalente literario al Nocturno de Silva.

Ambos poetas cultivan el idioma; tal vez más Jorge Isaacs  renueva su vocabulario frecuente. Es así como Isaacs, no obstante sus quebrantos de salud, trabaja duramente en Ibagué; escribió a Luciano Rivera y a Leonardo Tascón, residentes en Buga, que le enviaran información sobre modernismos y arcaísmos del lenguaje popular en el Cauca y algo sobre aspectos culturales de la zona recogidos en diálogos con ancianos para construir mejor  su trabajo literario.

Los dos  fueron periodistas. Isaacs publicó en la revista quincenal de la tertulia El Mosaico, publicado como una “Miscelánea de literatura, ciencias y música”; la participación debió ser como poeta porque en la Historia del Periodismo no figura entre los colaboradores o hacedores permanentes. Según algunos biógrafos,  dirigió los periódicos La República y El Programa Liberal, porque  seguramente eran institucionales y tampoco están en la Historia del Periodismo. Silva trabajó de tiempo completo en El Telegrama con la columna “Casos y Cosas”, que tampoco aparece reseñada en la Historia.

Una diferencia histórica son los vacíos que existen en relación a las casas donde residió Silva. Su biógrafa,  Vargas Arango, menciona el momento en que el poeta en 1893 abandonó la casa paterna y se fue a vivir solo a otra vivienda, sencilla, en el barrio Las Aguas, pero no explica por qué, abriendo la duda sobre la veracidad porque no informa cómo y cuándo regreso a la casa ubicada en la calle 12 donde se suicidó . Otro biógrafo se refiere a la finca Chantilly, comprada por el padre de Silva en 1881, y se refiere a que  la familia vivió allí en 1885.

Enrique Santos Molano con relación a las invenciones populares, en cuanto a lo referente a la baja sexualidad de Silva para algunos hasta la homosexualidad cita a Max Grillo, Sanín Cano e Hinestrosa Daza quienes coinciden en afirmar que Silva era mujeriego y afortunado en lances amorosos; además dice: Daniel Arias Argaez, por su parte, le hizo esta confidencia a Roberto Liévano: José Asunción Silva que jamás fue misógino, era aficionado a las galentes aventuras… Ocurrió un incendio… en una casa situada en la calle 19… Para apresurar el salvamento fue preciso forzar la puerta de un local contigüo… Era la garconière de José Asunción Silva . Chisme que se creció en Arias Argaez hasta afirmar que el poeta  “pudo ser padre de una niña, hija de una de las damas que lo visitaban en la garconière de la calle 19”. (La cita la toma Santos de la entrevista publicada en El Espectador, Suplemento Literario, titulada: “Una charla con Daniel Aruias Argaez: Silva íntimo”).

Paralelo resumido:

Si bien fueron amigos aunque no hay casi huellas, es importante resaltar qué es la amistad, para entender que el paralelo la explica. La amistad está definida filosóficamente como el sentimiento más digno y elevado de la humanidad, apoyado tanto en la empatía como en la tolerancia. Comparando algunos aspectos de los dos personajes encontramos:

En el caso de Isaacs, sus obras fueron autocorregidas por él y por personas ajenas, mientras que en el caso de Silva, algunas de la obras fueron publicadas en periódicos y revistas, y fueron alteradas. Isaacs fue crítico social e ideólogo partidista y Silva diferenció la política de la literatura y  mostró los vicios de la sociedad colombiana. Cada autor tomó posturas: Isaacs defendió la libertad de expresión y Silva defendió la autonomía del escritor. Isaacs f costumbrista y amigo de la naturaleza y Silva consagró el costumbrismo bogotano y admiró la naturaleza en poemas como Las crisálidas.

Ambos escribieron en los géneros de novela y poesía, viajaron a París, fueron periodistas, tuvieron amigos en común, compartieron en la tertulia y la revista El Mosaico, y fueron amigos personales y contertulios de  José Ma. Vergara y Vergara. Ambos escritores amaron a Elvira; Silva de forma fraternal pues era su hermana  e Isaacs de forma pasional, teniendo en cuenta que Isaacs recibió de Silva, un pañuelo de Elvira como recuerdo y,  en esa época el significado de ese gesto era de romance.  Cabe anotar que Jorge Ricardo estaba casado desde 1856; por eso, tal vez, la empatía entre Elvira y él se disimuló en la amistad entre los poetas, pero el poema es denunciante, como veremos a continuación.

 

Elvira Silva. Hermana de José Asunción, nació el 2 de abril de 1870 y murió el 6 de enero de 1892, víctima de una neumonía.

Amistad, duelo compartido y poesía.

Jorge Isaacs  escribió el siguiente poema, a la muerte de la hermana de José Asunción, titulado “Elvira Silva”.

[Carta 1]

Bogotá, 17 de enero de 1891.
Señor don José A. Silva.

Amigo de mi alma: Estas estrofas son el homenaje de mi cariño y gratitud en la tumba de su hermana1.

¡Todavía le quedaban a mi corazón muchas lágrimas! Jorge Isaacs

(este es el poema que acompañó la carta)

I

¿Por qué las negras sombras de la muerte
tras el vívido albor de la mañana,
y el espanto, mudez y hondo silencio
al despertar llamándola en sollozos
los que en el mundo mísero quedamos?

Arrobadora realidad creada
por el numen divino que fecunda
mi ya cansado corazón… espera!
Son tan agrias las heces que sobraron
para el final de la existencia mía…
Y ayer, ayer no más las endulzabas,
celestial hechicera,
ángel consolador en mi agonía?

II

Espera… espera! Me darán tus ojos,
santa visión del vate dolorido,
luz, esperanza y fe para las horas
últimas de batalla… y en mis cantos
habrá de ti misterios y fulgores,
el ritmo sobrehumano de tu acento,
estro inmortal, y vida de tu vida!

La inspiración que desbordó en tu alma
llanto abundoso que sació mi ardiente
y eterna sed de gloria… vive, vive!
para lo excelso, inmaculado y grande,
para ti, la delicia de querubes,
embeleso y amor de los amores…
hálito de Jehová, luz de su mente
humanada en mujer… No! vuelve al cielo,
criatura del Poeta Omnipotente!

III

Vano ensueño quizá… Delirio y gozo
del alma que memora o que presiente
la belleza inmortal… Lágrimas ciegan
los ojos que te buscan, y responden
al llamarte, gemidos a gemidos…
Ay! tus risas, tu voz de arrullos llena
para el dilecto y amoroso hermano,
escuchar se figura y que en su pecho,
reina mimada del hogar, reclinas
la cabeza de Psiquis en que aja
las níveas rosas entre negros bucles…
y dócil prisionera de sus brazos,
finges huirle a él… Lívida… Yerta!

Sorda a sus ruegos, para siempre yace,
lujosa con las galas de la tumba
y la noche sin fin… allí do aromas
y el calor virginal de sus vestidos
y los primores de sus manos quedan…
engañadoras prendas que de vida
hablan al arrobado pensamiento,
y de la instable bienandanza ida
al alma que se goza en su tormento.

IV

 En silencio llorad los que la amasteis…
y dejadla dormir cándida y pura
en su lecho castísimo de niña.
Angeles invisibles le han besado
las mejillas, hoy mustias, que antes fueron
semblanza de las flores ruborosas,
y púdica cerró los dulces ojos
en que los cielos mismos se miraron…

El féretro mullid. Larga la noche
del sepulcro será… lóbrega y fría!
poned blando cojín a su cabeza,
que en el regazo maternal buscaba
mimos ayer y juegos y caricias…
Trenzad los sueltos rizos que fragantes
velan, vivos aún, el casto seno,
y con gasas de espumas arropadla
en su lecho nupcial… Elvira! Elvira!
parece sonreír, y que respira!…
El ataúd su tálamo! Es la esposa
del blondo y bello Arcángel de la muerte;
sólo con él soñabas amorosa:
¿qué ser humano pudo merecerte?

V

 ¡Cómo se ha helado, inmóvil, sin abrigo,
de la noche luctuosa en el ambiente!
Resplandores del alba la circundan,
nimbo le dan a la marmórea frente,
y al fulgor celestial que la ilumina
el áurea luz de los blandones tiembla
débil palideciendo y mortecina.

Es la mañana que las cumbres dora
y los lagos argenta en la llanura,
que acaricia tus flores, y en el huerto
besa nidos que guarda la espesura.
¿Duermes aún y tan hermoso el día?
azul, azul!… ¿no ves? Abre los ojos
y los purpúreos labios sonrientes:
todo amor y fragancias y alegría!
todo a la vida y a la luz despierta…
¡Ay! sólo tú, dormida para siempre,
y para siempre muerta!

VI

En féretro de flores, al sepulcro
avanzas en los hombros de tus siervos:
reina de la virtud y la belleza,
triunfadora inmortal, he allí tu trono!
tras de la pompa fúnebre y el llanto…
¡Oh recuerdo cruel del alma mía!
vendrá el olvido de la turba vana,
y el eco lamentoso de mi canto,
en el placer la enfadará mañana.
¡Feliz te vas! feliz porque al sepulcro
llevas el corazón del caro amigo,
tierno guardián de tu niñez dichosa.
Ciego te sigue aún!… ¿Oyes sus pasos
en pos de ti, como en su edad primera?…
¿Qué, si no existes, en el mundo espera?

Te vas!  … y para siempre! sorda, muda…
insensible a gemidos y lamentos
de los seres que amaste! ¿Y así pagas
la ternura y amor? ¿Qué su existencia
será sin ti, la gala y alborozo
en ese hogar de tus encantos nido,
donde pasan las horas,
lentas cual las de dicha voladoras,
y en que todo es dolor porque te has ido?

VII

Señor! Señor!… Si bella la creaste
cual la hija de Jairo, y prez y orgullo
es en tierra de gentes que te adoran;
si a Lázaro en la tumba despertaste
porque bueno te amaba,
y oyes a los que sufren y te imploran…
en ella pon tus manos condolido;
levántala, Señor! y sólo tuya,
de infelices la fe y alivio sea,
del cielo su corona de azahares…
alba nube de incienso en tus altares.

No me puedes oír! Mísero humano,
transito de la tierra los desiertos;
si cruzo los aduares de los hombres
la iniquidad odiando de los vivos…
¿por qué turbo el reposo de tus muertos?

[Carta 2]

Bogotá, 21 de enero de 1891.
Señor don José A. Silva.
Mi bondadoso amigo:

Su carta del 17, que muchas veces he leído, produce en mi ánimo indefinible impresión. Lo que en ella dice del dolor que le tortura, los recuerdos que evoca y acaricia como para matarse, su ternura para la muerta adorada y casi divina, me quebrantan el corazón. Lo que me habla usted de ese canto a Elvira -quizás el postrero del poeta que la conmovió en otros días- es superior a cuanto yo pueda ambicionar y merecer.

Quedaré recompensado, sobradamente, con su noble y leal afecto de amigo, y poseyendo todo lo que de ella me ofrece: su retrato, para que sea ángel guardián de mi hogar; y admirada, querida allí como yo la admiro y venero, los pañuelos que usó en horas felices, fragantes aún con el perfume de sus manos. Los he recibido en este momento. ¡Qué tesoros le cede usted al poeta y amigo! La gloria no es una alucinación, un delirio insano, como lo creen algunos ciegos y ruines. Aquí los tengo… Los guardaré como las trenzas y juguetes de mi Clementina: fue la primera de mis hijas, el embeleso y alegría de mi casa, el consuelo mío… todo para mí: y nos dejó cuando apenas contaba once años, el 10 de enero de 1869.

Si el descanso viene -bien merecido será después de tan penosa y larga lucha- y mi vida se prolonga así unos años, recompensa única que mi familia ambicionaba, ya verá cuánto haremos y Elvira vivirá mientras se oiga de nuestras estrofas un eco. El poeta-rey, hijo de Isaí, lloraba su desesperación, lamentándose de que sus muertos amados no volvían a él: Elvira vendrá a nosotros. ¿En nosotros no vive?

Ella anhelaba mi reposo y alivio, la prosperidad de mis trabajos -que todavía no sabe apreciar este país- y a ella, a su poder de ángel bendito y protector, tengo encomendado el éxito final de mis esfuerzos. ¡Y somos los incrédulos y los ateos!… Yo le pagaré, regocijándola, en amor y beneficios a los pobres y desamparados.

Lo que usted piensa se haga en Nueva York con el canto a Elvira es demasiado. Pero a ella le pertenecen esas estrofas y, por lo mismo, a usted. De ella son: ¿quién se atrevería a afirmar que Elvira no las leyó antes que usted? Si las envía para que se haga esa edición, le pido que antes me deje revisarlas unos momentos.

Creo que estaré mejor de aquí al sábado; si así sucede, iré a abrazarlo en la noche de ese día.

Su leal amigo,

 

Algunas anotaciones interpretativas del poema:

  • Denota dominio del idioma el uso de la palabra heces con dos acepciones: una fisiológica y otra  gramatical; en este caso, es el sustantivo femenino de hez, referente al residuo del vino en una copa o lo que lo contenga. (Diccionario de la Lengua Española.- Edición Larouse)
  • En la estrofa IV, clama: En silencio llorad los que la amasteis…/ y dejadla dormir cándida y pura / en su lecho castísimo de niña.
  • Si bien este segmento la considera niña, al terminar el conjunto de versos la considera casada con la muerte así: El féretro mullid. La larga noche / del sepulcro será…lóbrega y fría! / poned blando cojón a su cabeza. / que en regazo maternal buscaba / mimos ayer y juegos y caricias…-Para terminar el IV,  califica la tumba como su lecho nupcial… Elvira! Elvira!

Y agrega: El ataúd su tálamo! Es la esposa /  del blondo y bello Arcángel de la muerte.

  • Con relación al poema y su recuerdo de ella le dice: ¡OH Recuerdo cruel del alma mía! / vendrá el olvido de la tumba vana, / y el eco lamentoso de mi canto, / en el placer la enfadará mañana…
  • Reafirma la bondad fraternal de José Asunción con su hermana cuando le dice: llevas el corazón del caro amigo, / tierno guardián de tu niñez dichosa
  • Y le reprocha: ¡Te vas!… ¡y para siempre! Sorda, muda…/ insensible a gemidos y lamentos / de los seres que amaste! ¿Y así pagas / la ternura y amor?..
  • El Isaacs bíblico, con herencia judía porque los católicos no podían leerla; cita Jairo a quien Jesús le resucito a la hija; a Lázaro resucitado de la tumba, para pedirle al universo: levántala, Señor!  –En el segundo segmento nombra a Jehova.

Aclaración histórica necesaria.- 1-Es importante advertir que el historiador Enrique Santos Molano, autor de extensa biografía del poeta Silva, rectifica a otro historiador, Alberto Miramón, quien afirma que Isaacs fue padrino de Elvira Inés Silva; Santos Molano trascribe el registro de bautizo tomado de los libros de la Parroquia de La Catedral donde figuran como padrinos: José María Quijano Otero e Inés Vargas. 2- El nombre completo de los poetas es: Jorge Ricardo Isaacs Ferrer y José Asunción Salustiano Facundo Silva Gómez, según el poeta mejicano José Juan Tablada; para otro escritor el nombre era José Antonio Asunción. 3– En las versiones históricas se encuentra una confusión entre el poeta Isaac Arias, de la Nueva Lira, e Isaacs Jorge; el primero es nombre, el segundo es apellido. 4Alberto Urdaneta en un análisis publicado muchos años después del fallecimiento de Silva, lo señala como “gran amigo de Isaacs”.

Si tiene algún comentario o inquietud sobre esta publicación, puede escribirle a Edda Cavarico  al siguiente correo electrónico: eddatertulia@une.net.co

 


Agradecimientos a La Tertulia Literaria Tienes la Palabra.

Integrantes de la Tertulia Tienes la Palabra

Edda Cavarico. Escritora y artista colombiana. Periodista con 27 años de trabajo en medios audiovisuales y de lectura. Cursó estudios en la Universidad de La Salle  y en el Instituto de Cultura Hispánica de Madrid. Catedrática universitaria en periodismo e historia del periodismo. Dirigente gremial del Círculo de Periodistas de Bogotá.  Autora de textos para el aprendizaje del periodismo. Actualmente pensionada y dedicada a la literatura, sosteniendo horas de trabajo con la pintura de expresión naíf. Ha expuesto su trabajo artístico en Bogotá, Popayán, Puerto Rico y Róterdam (Países Bajos).

Artículos Relacionados