LA MUJER AMADA

Por Roberto Díaz

Sobre la mesa de familia un día
Con mi madre y mis hermanos reunidos
Curiosos mirábamos cada fotografía
De parientes, amistades y desconocidos.

Una foto de mujer atrajo mi atención
Por sus ojos de tan bellos que asombraban
Sentí con tanta fuerza latir mi corazón
Que pensé que aquellos ojos me miraban.

Observé con vehemencia aquel retrato
Le dije con mis ojos que no la olvidaría
Quizás fue un minuto, pero fue tan grato,
Que aun recuerdo aquel momento todavía.

Escondí junto a mi corazón la misteriosa foto
Pues ese para siempre, su lugar sería
Y algo de lo profundo, de lo ignoto
Me obligó a jurar que yo la encontraría.

Esa noche me acosté, mas no dormía
Aquellos ojos me miraban suplicantes
Los pulposos labios con tristeza abría
Y las palabras se escuchaban muy distantes.

Soñé mucho aquella noche. . . y yo soñaba
Que a la bella de la foto encontraría
Pensé que en la distancia me esperaba
Pues seguro que también me presentía.

Angustiado en la mañana desperté
Una pregunta mi cerebro me golpeaba
¿Por dónde empezaré a buscarla si no se
Ni aun siquiera quien era, o se llamaba?

Sobre mi pecho aquel retrato descansaba
Y con inmenso amor mis dedos lo palpaban
Mi cerebro entorpecido se apagaba
Y mis fuerzas cada vez me abandonaban.

Caminé de un pueblo a otro sin cesar
En cada rostro femenino sus ojos yo buscaba
Exhausto el cuerpo, pregunté en cada lugar
Sin saber que cada vez más cerca estaba.

Una noche más… triste pasaba y luego el día
Y buscar sin desmayar y preguntar por ella
Pero como Penélope en mis sueños persistía,
O como el poeta que se inspira en una estrella

Pensar en ella mi cuerpo alimentaba
Aunque mi estómago, casi nada recibía,
Muy lejos de mi hogar ya me encontraba
Y mi familia, de mí nada sabía.

Tal vez pensé morir en el intento vano
De encontrar la dulce amada de mi sueño
En mi búsqueda solitaria, ni una mano
Me ayudó para lograr aquel empeño.

Los dolores en las piernas me azotaban
Pero subí, de un portal, los diez peldaños
Toqué a la puerta sin saber que celebraban
De una anciana, sus setenta cumpleaños.

Al ver mi estado lamentable y angustioso
Hasta una hermosa terraza, me llevaron
Me dieron a comer un plato apetitoso
Y la razón de mi vida preguntaron.

Les mostré con orgullo la foto de mi amada
Les hablé de mi amor desesperado y loco,
De mi búsqueda tenaz, sin hallar nada,
Por cuya razón a cada puerta toco.

Al ver la foto, con asombro se miraron
Y trajeron otra foto pues quisieron ver
Si era posible lo que imaginaron
Y las fotos eran, de la misma mujer.

Y la anciana que la fiesta disfrutaba
Escuchó un mensaje que le trajo el viento
Y al llamado acudió, pues esperaba
Por años, que llegara este momento.

La anciana me miró con agrado y avidez
Los corazones de los dos, nos palpitaban
Pero no fue aquella, la primera vez
Que nuestros ojos, en la distancia se miraban.

Su venerable rostro con amor miré
Cuarenta años separaban nuestras vidas
Sin embargo, en sus ojos ajados contemplé
La misma mirada que sanó mis heridas.

Contemplo sus ojos y mi angustia evoco
Los años de peregrino deambular buscando,
Ella es la fuente de este amor tan loco,
Por ella he vivido seis años soñando.

Y ahora que la tengo aquí presente
La diferencia de edad no me provoca
Por un minuto nos miramos frente a frente
Y la abracé con fuerza… y LA BESE EN LA BOCA.

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