Por Armando Butrón

¿Sabía usted estimado lector, que a los ocho años de edad ya hemos sido sometidos a más de 28 mil horas de programación lingüística? Pues así es. Quiere decir que a los ocho años de edad, prácticamente la mitad de nuestra vida hemos estado expuestos a conformar una programación mental acerca de nuestra propia identidad, y de todo aquello que es posible o imposible.  En los próximos párrafos le explicaré cómo funciona.

Estudios realizados indican que a esa corta edad, ya las creencias están tan arraigadas en el subconsciente, que ocupan el 90 por ciento de nuestra capacidad para alimentar pensamientos, conductas y hábitos; todo eso hasta el día en que somos capaces de despertar y ser libres para evolucionar en muchos aspectos. La llave para lograrlo, es la Programación Neuro Lingüística, PNL, muy conocida también como NPL, por sus siglas en inglés.

Muchos sostienen que se trata de una estrategia de comunicación; otros dicen que es una herramienta de desarrollo personal, y hasta hay quien está convencido de que es una especie de psicoterapia. En realidad, es una mezcla de todo eso. Sus creadores, Richard Bander y John Grinder, llegaron a la conclusión de que se trata de un sistema que engloba los tres elementos de mayor influencia en la producción de la experiencia humana. Ambos, psicólogo y lingüista estadounidenses respectivamente, describieron el método como la dinámica fundamental que se establece entre la mente (neuro), el lenguaje (lingüística) y la interacción de ambas, lo cual determina nuestro organismo y comportamiento (programación).

De esta forma, el sistema neurológico regula la función del organismo, el lenguaje determina cómo interactuamos y nos comunicamos con los demás, y la programación mental incide en las concepciones del mundo que creamos.

A pesar de conocer teóricamente lo suficiente acerca de ella, fue al obtener la certificación profesional cuando pude comprobar el impacto de su beneficio, gracias a las desafiantes prácticas de laboratorio que realicé junto a mis compañeros de grupo en el Programa Internacional de Global NLP Training, con sede en Holanda.

Nicole Schneider, especialista del NLP y directora del programa, había recopilado suficiente información de cada uno de los 20 alumnos que participamos en el entrenamiento, que duró un par de semanas. Recuerdo que nos reunió en un círculo, y nos fue llamando uno por uno al centro. A medida que fuimos pasando, Nicole nos ofreció una caja de pañuelos desechables que dejó a la mano sobre una pequeña mesa. “La van a necesitar”, dijo con picardía. Ninguno de nosotros pudo presagiar lo que vendría. Yo incluido.

Días previos a la práctica del círculo, durante varias jornadas en el laboratorio, se sentó con cada uno de nosotros, frente a frente, mientras el grupo observaba. Se dedicó a hacernos una entrevista que nos hacía evocar recuerdos desde la niñez y a lo largo de toda nuestra vida. Todos sin excepción pasamos por esa entrevista. Luego hubo otras pruebas personales, hasta que para el día de la graduación, tenía ya el retrato de todos los participantes.

El día de aquella práctica en círculo, ha sido el día más impactante de mi vida; aún más que aquellos de traumas amargos de mi infancia. A mis 68 años, la mano mágica de Nicole me llevó desde  mi presente  hasta el pasado de mi niñez. Pude reencontrarme cara a cara con ese pequeño de siete años de edad que era yo mismo, y hablarle, enjugar sus lágrimas y llorar junto a él; pero lo más importante fue hablarle,  decirle  “Mandi he regresado para que sepas que no me perdí; que pude superar todas las adversidades que tú y yo tuvimos durante todos estos años en que estuve a punto de claudicar; he regresado para abrazarte y enjugar esas lágrimas que nadie secó en tus días de soledad y dudas, de terror, de abuso,  de violencia y de tristeza. Estoy aquí para que sepas que pude superarme y llegar a ser un hombre de valor; que he servido a otros con orgullo y dignidad; que fui excelente y responsable con mis retos y mi trabajo. Vine a decirte Mandi, que ya puedes levantar tu cabeza y sentirte orgulloso de ti porque triunfaste con pundonor en la buena batalla de la vida. ¡Ya el miedo se fue!, ya puedes sonreír, Mandi”.

Gracias a la ayuda de Nicole, pude observar la mirada de aquel niño que fui. Lloré sin parar durante una hora; mis manos temblaban y mi voz se ahogó profundamente, mientras las cálidas manos de mis compañeros me abrazaban y me daban pañuelos desechables para secar mis interminables lágrimas, junto a sus palabras de compasión y de consuelo. Al mismo tiempo, Nicole, siempre observándolo todo, decía: “¡Ya eres libre, has liberado tus cadenas pendientes!”. Ese fue el día más feliz de mi vida, aunque los pañuelos desechables no alcanzaron.

Como ven, desde ese día soy otra persona, y estoy preparado para ayudar a quien quiera intentarlo. De eso se trata la Programación Neuro Lingüística: con ella se busca remover programaciones que nos atan y nos impiden avanzar y desarrollarnos. Es una experiencia transformadora. En próximas entregas profundizaré en sus beneficios y alcance.

Armando A Butron
Motivational, Social, Life and Intelligence
Master Coach.
Accredited by INEMLA

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